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jueves, 19 de enero de 2012

La Verdad Duele

Hoy una compañera del trabajo se quejaba, al borde del desmayo, de que otra hacia muy mala olor. No se trataba de un hecho aislado. Siempre huele mal, pero hoy ese aroma era especialmente repugnante. La pobre chica estaba al borde del colapso. Se mantenía apartada todo lo que podía de la otra intentando escapar de aquella peste, algo bastante inútil puesto que está obligada a pasarse horas a escasos metro y medio de la compañera olorosa.

Esto me ha hecho pensar en si esta chica haría bien en decirle algo a la otra en un intento de que cambie sus hábitos de higiene. Es evidente que cualquier cosa que le diga va a sentarle mal, desde el más elaborado discurso hasta un “¡¡dúchate, guarra!!”. Sin embargo, tal vez con eso conseguiría poner fin a los malos ratos que le toca pasar cada mañana.

A mi me pasó algo parecido cuando iba al instituto. Uno de los profesores hacia un olor de mil demonios y sus clases, ya sin entrar en el tema de la docencia, se convertían en un autentico calvario. Claro que este era un caso bastante especial, ya que el susodicho profesor también era el director del instituto y ni tan siquiera otros profesores, que estaban al tanto del malestar de los alumnos, se atrevían a decirle nada. Pero en la situación de hoy, tratándose de un hecho de igual a igual, entre dos trabajadoras del mismo rango, ¿porque no decir algo?

Este tipo de confesiones, donde puede herirse la sensibilidad de otra persona, siempre son muy complicadas. ¿Pero hasta que punto no es mejor que esa persona se sienta ofendida si con ello se da cuenta de que debe cambiar su actitud? ¿Debería primar el bienestar del grupo antes que los sentimientos de un solo individuo?

¿Vosotros que pensáis? ¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación similar? ¿Qué es lo que hicisteis? ¿Habría que decirle a la compañera olorosa que se acostumbre a ducharse mas a menudo? ¿O debería la otra callarse y buscar métodos para aguantar el tipo como una pinza en la nariz o una mascara antigás?

¡¡Comentad anda, que es gratis y no cuesta nada!!

martes, 18 de octubre de 2011

Matí universitari

Martes, nueve y veinte de la mañana. Gracias a los magníficos horarios de RENFE llego a clase diez minutos antes de que esta de comienzo; si cojo el tren siguiente ya llego tarde. Entro en la clase desierta y aprovecho este tiempo muerto para comerme el bocadillo que llevo para desayunar e ir encendiendo el netbook.
Accedo al wifi de la facultad (hoy por suerte funciona, no como ayer) y abro el documento de Word donde tengo los apuntes de la asignatura. Història de los Països Europeus I – Catalunya, no puede haber mejor manera de empezar el día…
La clase no tarda mucho en ir llenándose de gente, aunque para la que acostumbra a haber normalmente hoy está bastante vacía. Con un par de minutos de retraso, el profesor entra en el aula y se dirige hacia su mesa. Empieza a trastear con el ordenador y al momento el proyector hace aparecer unas imágenes en la pantalla. Parece que hoy nos va a pasar un documental. Mira por donde al final la clase puede que no esté tan mal.
La Bomba del Liceu, ese es el tema sobre el que va a tratar el documental. Empezamos con diversos planos del interior del Liceu mientras de fondo se escucha a una mujer cantando opera y la cosa sigue con una serie de entrevistas a historiadores, periodistas, etc. Hablan de Santiago Salvador, el autor del atentado, y básicamente lo ponen a parir, definiendo a todos los anarquistas violentos como personas sin interés.
Durante este tiempo la puerta del aula se ha ido abriendo en varias ocasiones para dejar paso a los más rezagados, que se esfuerzan a recorrer los estrechos huecos que dejan las mesas en estas aulas patera para poder encontrar un sitio donde sentarse.
El documental continua, pasando a hablar de puros aspectos técnicos de la opera que se representaba en el Liceu durante el atentado, Guillermo Tell. Después hablan sobre las bombas utilizadas (una de las cuales no llegó a explotar) y sobre las víctimas causadas por la explosión.
El profesor ha dicho que el documental dura más de ochenta minutos, pero llevamos poco más de media hora y ya han hablado de todos los aspectos que me podrían parecer interesantes al respecto de este hecho. ¿Qué van a hacer durante la hora que todavía queda?
Uno de los historiadores hablando de los “hábiles interrogatorios” a los que fueron sometidos algunos de los sospechosos de ser autores del atentado consigue arrancarme una sonrisa. Parece que lo bueno todavía no ha acabado.
Cinco minutos después ya están hablando de la ejecución de Santiago Salvador… Ahora sí que no tengo ni idea de que temas van a seguir tratando durante el tiempo que falta. El tío que tengo sentado al lado no deja de echar vistazos a mi pantalla para ver que es lo que estoy escribiendo. Me esta empezando a poner nervioso.
Finalmente he desconectado. Empiezo a cotillear por Facebook y twitter. El documental se ha convertido en un zumbido de fondo al que no presto atención. Esto me mantiene distraído durante un buen rato. No sé qué he estado haciendo hasta ahora sin el netbook en clase.
No obstante, también llego a cansarme de navegar por internet. Levanto la vista y observo al resto de estudiantes que me acompañan en el aula. Localizo a un par de chicas que están de buen ver y me dedico a desnudarlas mentalmente y a fantasear un poquito. Acabo distrayéndome incluso más que con internet.
Cuando me quiero dar cuenta, el documental está a punto de terminar. Han pasado a una discusión sobre la pena de muerte en una clase de adolescentes charnegos de mentalidad limitada y catalán del Hospitalet. Una buena traca final para acabar la mañana. No he tomado ningún tipo de apuntes en toda la clase.
Voy a ir apagando esto y preparándome para salir del aula. Son casi las once. En teoría tengo una clase más, arqueología, pero como todos los días que he ido he acabado haciendo incluso menos que en este rato que he relatado, me parece que me voy a ir para casa. O al Fnac a cotillear libros y pelis. Lo decidiré sobre la marcha.
Que maravillosa es la vida universitaria…


jueves, 22 de septiembre de 2011

Stupidly addicted

Hay veces en las que un vídeo o una canción absurda consiguen activar esa parte de nuestro cerebro que hace que nos volvamos adictos a ellos. Como la droga, necesitamos verlos o escucharlos una y otra vez, hasta la extenuación, y no por ello dejan de tener el mismo encanto que tenían la primera vez.
La ultima de estas adicciones la estoy sufriendo con lo que parece ser un anuncio promocional de Como conocí a vuestra madre, que utiliza imágenes y diálogos del primer capitulo de la séptima temporada para realizar un remix cuanto menos curioso. Aquí podéis verlo:


No se a vosotros, pero a mi me parece descojonante. Es darle al play y verlo una y otra vez; y en cada uno de los visionados me río tanto o mas que en el anterior.
¿Y vosotros? ¿También habéis estado enganchados? ¿Conseguisteis dejar el vicio o aún sufrís la adicción?

Mosbius Designs is failed... :(


jueves, 28 de julio de 2011

Blitz

Seguro que todos vosotros os habéis encontrado alguna vez en esta situación: Por cualquier motivo (dolor de cabeza, examen al día siguiente, hemorragias menstruales, intoxicación por radiación, etc.) os veis obligados a abandonar a vuestro grupo de amigos a horas tempranas o, directamente, no podéis quedar con ellos; al día siguiente os llegan noticias de que os perdisteis una fiesta colosal, increíble, de aquellas que jamás vuelven a repetirse. Vosotros intentáis mantener el tipo y os comportáis con cierta indiferencia, de cara al público os alegráis de que vuestros amigos se lo pasaran tan bien. Sin embargo, por dentro os corroe la envidia.

Cuidado, que con esto no quiero decir que no os haga gracia que vuestros amigos se lo pasen bien en vuestra ausencia, sino el hecho en sí de haberos perdido una ocasión única y especial. La diferencia entre ambas cosas es pequeña, pero existe, y no quiero que penséis que soy un cabrón que cuando debe quedarse en casa se pasa el tiempo deseando que sus amigos no se diviertan un ápice.

Ciertamente, es normal que esto pueda suceder en alguna ocasión. Las probabilidades de que el día o la noche en que decides ausentarse acaben resultando memorables están ahí. No obstante, cuando este hecho empieza a ser algo habitual, deberíamos preguntarnos qué es lo que sucede.

Si resulta que en cada puñetera ocasión en que nuestros amigos se encuentran sin nosotros los niveles de diversión y desenfreno llegan a límites legendarios habría que empezar a preocuparse. ¿Estamos malditos? ¿Hay alguna extraña fuerza cósmica que conspira en nuestra contra y desea que nos perdamos todos aquellos eventos que queden grabados en la memoria de nuestros camaradas? ¿O tal vez se trata simplemente de un amigo tocapelotas que tiene la extraña afición de exagerar las situaciones, convirtiendo una noche del montón en  una orgía dionisíaca, con el único fin de que nos carcoman los celos?

Expertos de todas partes del mundo se encuentran estudiando este fenómeno a la espera de poder dar con una respuesta al enigma. Por lo que a mí respecta, haré oídos sordos a los comentarios que pueda hacer la gente sobre los eventos a los que me ausento. Porque ya sea cosa de un hechizo, del karma o del gilipollas de turno, nada va a hacer que me arrepienta de las decisiones que tome (ya sean voluntarias o forzadas por elementos externos).

Que les den por culo a todos, yo quiero volver a ser Fornido Rock.


jueves, 3 de febrero de 2011

¿Sabes que el otro día me lié con un tío que...?

Lo reconozco, soy un cotilla.
Si, no tengo ningún problema en admitirlo; me encanta escuchar las conversaciones ajenas cuando estoy en algún lugar público. Ya sea en el tren, el metro, un bar o el sitio donde espero a alguien con quien he quedado; adoro conectar la parabólica y enterarme de la vida de las personas que hay a mi alrededor.
Supongo que hay gente que me comprenderá y otros que me mirarán con repugnancia ante semejante afrenta a la intimidad de aquellas personas que tengan la mala suerte de cruzarse conmigo. No mintáis, se que a vosotros también os gusta.
¿Acaso jamás habéis escuchado la conversa de otros por el simple hecho de estar aburridos y no tener nada mejor que hacer? ¿No habéis disfrutado del placer que supone poner disimuladamente en pause el mp3 para poder enteraros de todo lo que dice la persona a vuestro lado bajo el amparo de la supuesta música? ¿Nunca habéis sentido la necesidad de dirigirle la palabra a esa persona para saber cómo termina la historia que estaba contando porque tú debes marcharte ya de allí?
Si me decís que no, sinceramente no os voy a creer. Pero si por alguna remota posibilidad fuera verdad que jamás lo habéis hecho, no podría hacer otra cosa a parte de compadeceros. No sabéis lo que os perdéis.
Uno se puede enterar de muchas cosas interesantes escuchando lo que dicen los que hay a su alrededor. Ayer, sin ir más lejos, obtuve un maravilloso resumen de la vida sentimental durante el último año de la chica que estaba sentada en la mesa de al lado del McDonald’s; o ara un par de semanas asistí a una clase magistral de un grupo de personajes que discutían acerca de la posible ubicación de la Atlántida y de que en la Antigua Grecia utilizaban condones de mármol para tener relaciones sexuales.
En fin, si ciertamente hay alguien que nunca ha prestado atención a las conversas ajenas, tan solo puedo recomendarle que la próxima vez que se encuentre en algún lugar público, agudice los oídos y escuche las historias que la gente pueda contarle sin ser consciente de ello.
Y a los que, como yo, habéis practicado alguna vez el sagrado arte del cotilleo os pregunto… ¿Cuál ha sido la conversa más interesante, surrealista o disparatada que vuestras redes han captado?

Tranquilos, aun no he llegado a estos extremos...

miércoles, 26 de enero de 2011

Putas y Videntes

La vida del vago puede llegar a ser realmente agotadora. Levantarse tarde, grandes ingestas de comida basura, absoluta ausencia de ejercicio físico, aislamiento del resto de la sociedad, onanismo, irse a dormir a horas intempestivas,…; estas son sólo algunas de las actividades que un vago de cierto nivel (como es mi caso) tiene en su currículum y, que a la larga, acaban pasando factura tanto física como psicológicamente.
Y es precisamente a causa de una de estas actividades por lo que me he dado cuenta de un gran cambio que se lleva produciendo en la programación de las televisiones desde hace ya algún tiempo. Aviso: Aquí no voy a hablar de la programación en general; cualquier persona con dos dedos de frente ya será consciente que la actual televisión de este país es una completa basura, y que darse de cabezazos contra la pared es una actividad bastante más edificante que perder el tiempo viendo alguno de los programas que emiten.
Entonces os preguntareis: ¿Si dices que no vale la pena ver la televisión, como es que estas al tanto de las cosas que emiten?
La respuesta es sencilla: El ser humano es un animal al que le encanta comerse la mierda producida por otros seres humanos, aunque sepa que es mala. Y yo no soy ninguna excepción a la regla. No me paro a mirar detenidamente los programas, pero no puedo evitar tener puesta la tele de fondo mientras estoy haciendo otras cosas.
En fin, a lo que iba. La costumbre de quedarme levantado hasta tarde me ha permitido ver que, a partir de aproximadamente las dos de la madrugada, todos y cada uno de los canales dan el pistoletazo de salida a la emisión de pseudo-programas de temática clónica. Primero fueron los concursos de poca monta, amañados con un descaro vergonzoso. Y ahora se han puesto de moda los programas cuyo eje central son o la videncia o el “ligoteo”.

"¿Tu futuro económico? Preveo que vas a realizar un gran gasto muy pronto..."
Putas y videntes; lo único que encontrarás pongas el canal que pongas. Y es que estos son los nuevos dueños de la noche: timadores que estafan a los incautos que se deciden a llamar para preguntar lo que les depara el futuro y mujeres ligeras de ropa que se contonean intentando convencerte de que, si llamas al teléfono que te indican, podrás hablar con ellas en persona. Todas estas llamadas a un precio desorbitado, por supuesto.
Putas y videntes; ellos son los sustitutos a aquellas madrugadas de hace años, llenas de reposiciones de series antiguas que tanto nos entretuvieron durante las largas noches de insomnio. Una programación que aun guardo la esperanza de que regrese algún día, cuando los actuales directivos de las cadenas regresen de nuevo al plano infernal del que proceden y las televisiones vuelvan a estar bajo el control de los seres humanos.
Por lo que a mi respecta, ya podrían volver a poner la carta de ajuste.

COME BACK, PLEASE!!!