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martes, 15 de noviembre de 2011

Dark days are coming

No me gusta la época de elecciones. Desde todos los medios de información nos bombardean incesantemente con los programas, propuestas y cruces de acusaciones de los diferentes partidos políticos. Mentiras sobre mentiras con el único fin de movilizar a las masas aborregadas para que voten, haciéndoles creer que, si salen elegidos, van a acabar con todos los problemas del mundo. Y lo peor de todo es que muchos les creen.
El caso es que las elecciones de este próximo domingo me  gustan menos que ningunas otras. Por mucho que me duela decirlo, está clarísimo que nos encontramos a las puertas de cuatro años de gobierno de la derecha. Esto es a lo que nos lleva el asqueroso bipartidismo. Antiguos votantes de izquierda que, ajenos a la existencia de otros partidos más modestos, se limitan a votar a la otra cara de la moneda, como si esa fuese la única alternativa posible. Y mientras, los “españoles de bien” votando fielmente a su querida, casposa y retrógrada derecha.
La economía está siendo el tema estrella de esta campaña electoral. Sí, es cierto que la cosa está  jodida. Pero oye, que no todo es el dinero en esta vida ni la situación es exclusivamente culpa de los socialistas (por si alguien todavía no lo sabe, la crisis es a nivel mundial). La gente parece que se traga las promesas vacías de los populares, como si Rajoy fuese una especie de rey Midas que convierte en oro todo lo que toca y que caga diamantes si desayuna cereales con fibra, el genio de la lámpara que nos sacara de la crisis con sus poderes mágicos, previo voto, por supuesto. Sin embargo, les importa bien poco que esta gente vaya a intentar (digo intentar porque confió que el pueblo no les va a dejar hacerlo pese a que les hayan votado) cargarse algunos de los avances en derechos y libertades que se han hecho en los últimos años.
Cambios en la ley del aborto ya han sido anunciados, y el señor Rajoy dejó caer un silencio que hablaba por si solo cuando en el debate de la semana pasada se le preguntó acerca de si iba a deslegalizar los matrimonios homosexuales. “Uniones de hecho” dijo que deberían llamarse, pero no matrimonios. Decidme de que planeta viene este tío, por favor. Bueno, este y muchos más. Porque cuando el otro día una persona de mi edad me dijo que veía bien que se aboliesen los matrimonios homosexuales porque, según él, no era algo natural, se me pusieron los ojos como platos. Me cuesta creer que haya gente joven que todavía encuentra las relaciones entre gente del mismo sexo como algo extraño y antinatural. Pero bueno, es fácil pillarlos. Me bastó preguntarle que tenía de natural el matrimonio, ya fuese entre heterosexuales u homosexuales, para que se quedara sin argumentos para contestar. ¿Vosotros habéis visto alguna vez una boda entre dos animales en libertad? Si es así, decidme donde que quiero asistir al enlace.
No sé, ahora creo que ya es tarde y la gente no va a recapacitar. Están ciegos y van a sacrificar libertades por dinero. Bueno no, por promesas de dinero. Unas promesas que dudo mucho que se cumplan ya que este tipo de milagros solo pueden hacerlos los magos y Dios. Y los primeros solo están en los cuentos de hadas y el segundo no existe.

Pero eh, que van a crear empleo…

martes, 20 de septiembre de 2011

Deus ex machina

La expresión Deus ex machina tiene su origen en las obras de teatro de las antiguas Grecia y Roma, a consecuencia de ciertos momentos en los que un dios descendía sobre el escenario montado en una grúa para resolver una situación muy complicada. En la actualidad, sin seguir una traducción tan literal, dicha expresión se utiliza para hablar de aquellas situaciones en las que en un libro, película, obra de teatro o serie de televisión aparece un elemento que resuelve la trama sin seguir una lógica con el argumento establecido hasta el momento.


Es cierto que hay veces en que algunas historias llegan a enredarse tanto que el introducir uno de estos elementos milagrosos se convierte en la única solución posible. Sin embargo, hay otras en las que se recurre a ellos como salida fácil, llevando la historia en cualquier dirección teniendo la seguridad de que, llegado el momento, aquello que resuelva la situación caerá del cielo.
Considero que el recurrir de manera excesiva a los Deus ex machina es algo que puede llegar a destrozar una historia. Si se llega a un punto en que eres plenamente consciente de que, suceda lo que suceda, la situación va a acabar resolviéndose en el ultimo momento y por arte de magia, el interés que uno pueda tener por aquello que esta leyendo o viendo desaparecerá por completo.
En la novela Misery, de Stephen King, el protagonista , Paul Sheldon, es secuestrado por Annie Wilkes, una fan desquiciada que le obliga a escribir la continuación de su saga de novelas más famosa. Puesto que al final del libro anterior Paul había matado a la protagonista, inicialmente intenta una salida Deus ex machina para traerla de vuelta. Este hecho enfurece enormemente a Annie, que considera que estos eventos son "hacer trampa" y que lo único que consiguen es destruir la historia, y acaba por castigar a su cautivo para que consiga salir de la situación en la que él mismo se había metido al final de la otra novela. Con esto no estoy diciendo que este bien llegar a los extremos de psicopatía de Annie, pero si que tiene algo de razón al sentirse estafada ante este tipo de situaciones. Y más aún si se convierten en una costumbre.
¿Vosotros que opináis?

domingo, 11 de septiembre de 2011

Watch 'till you bleed

Setiembre.
El verano llega a su fin. Las playas empiezan a vaciarse, los guiris abandonan las calles de nuestros pueblos y el anuncio de la vuelta al cole del Corte Inglés nos avisa de que se aproxima la hora de regresar a las clases (aunque al menos este año parecen haberse percatado de que se trata de un hecho traumático y no algo con lo que regocijarse, y han decidido prescindir de una vez por todas de aquella horrible cancioncilla con la que llevan torturando a escolares durante muchos años para estas fechas).
E igual que los niños vuelven al cole, las diferentes series regresan a las pantallas de nuestros ordenadores para, durante una temporada más, intentar mantenernos enganchados con las nuevas vivencias de nuestros personajes favoritos. Pero es en este momento cuando más de uno se realizara la fatídica pregunta: ¿Es realmente necesaria una temporada más?


Y es que hay ocasiones en las que una serie llega a alargarse tanto, que las ganas de seguir viendo lo que les sucede a sus protagonistas son inferiores al desánimo que produce el descubrir como el argumento de dicha serie va degenerando más y más hasta convertirse en poco más que una sombra de lo que llegó a ser en algún momento. Los encargados de producir una serie deberían saber cuándo esta llega a un punto de no retorno en el cual, de seguir adelante con ella, está destinada a ir siempre a peor.
Hay casos en los que una serie va teniendo altibajos; una temporada es más buena, la otra no lo es tanto. Sin embargo, hay otras series que llegan a un final de temporada en el que, de darla por finalizada, esta se convertiría en una obra de arte con un final perfecto. Por el contrario, si se decide seguir con ella, pese a que los capítulos no sean malos, siempre se tiene el regusto amargo de que no llegan a la calidad alcanzada en ese momento clave.
Luego ya están aquellas series en que la dignidad se tira directamente a la basura y va degenerando más y más hasta dar vergüenza ajena, pero estos casos ya no se merecen ni que perdamos el tiempo hablando de ellas.
¿Vosotros que opináis? ¿Preferís que una serie dure menos temporadas pero que estas tengan mejor calidad o por el contrario os conformáis con ver a vuestros personajes favoritos por muy estúpida que sea la historia que estos nos cuentan?

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HA LLEGADO AL MÁXIMO DE PALABRAS QUE PUEDE LEER EN ESTE BLOG. ESPERE 45 MINUTOS PARA PODER SEGUIR LEYENDO.

lunes, 14 de marzo de 2011

La Fórmula del Éxito

Bueno, bueno, ha pasado más de una semana desde la última actualización. ¿Me echabais de menos? Lo cierto es que estos días no han sido los más idóneos para escribir nada, tanto por falta de ideas como por falta de tiempo. Sin embargo, una vez que el Carnaval ha terminado y se han dejado atrás sus secuelas físicas y psíquicas, llegó la hora de ponerse de nuevo manos a la obra e inundaros con todo aquello que me apetezca contar y vosotros no tengáis el más mínimo interés en escuchar.
Y vuelvo a la carga hablando del mismo tema que en la entrada anterior: el Carnaval.
Quien más y quien menos, ha escuchado hablar alguna vez sobre el Carnaval de Sitges; un pomposo despliegue de carrozas, disfraces y música a todo volumen que, para aquellos que no salen disfrazados en alguna de las muchas collas, puede llegar a hacerse interminable. No nos engañemos, pese a encantarme el Carnaval, algún año que he tenido que ver el espectáculo desde la barrera me he cansado rápidamente de la procesión de carrozas y estoy convencido de que aquellos que habéis vivido esta situación en vuestras carnes estáis de acuerdo conmigo.
En el lado contrario están aquellos que participan en la rua, que se ven sometidos a un extraño fenómeno espacio-temporal que comprime el tiempo de tal manera que las horas que dura todo el recorrido parece que son unos cuantos minutos.
Pero bueno, antes de irme más por las ramas volveré al tema en cuestión que quería tratar. Y es que con el paso de los años, he podido ir comprobando como la temática de los disfraces de la mayoría de las collas ha ido encaminándose cada vez más a lucirse y enseñar carne que a buscar un disfraz original y divertido. Plumas, torsos desnudos, tangas microscópicos… llega el punto en que algunos disfraces parecen copias los unos de los otros a las que solamente se les ha cambiado el color. “¿De qué es tu disfraz? Fantasía de…” con este título se denomina a los diferentes disfraces que recuerdan muy vagamente a aquello en lo que se supone que se inspiran.
Tal ausencia de ropa, me hace pensar que los diseñadores de estos disfraces deben creer que estamos en Rio de Janeiro o en las Canarias, olvidándose que en realidad vivimos en la costa del Mediterráneo y que aquí, en febrero, acostumbra a hacer un frío que te cagas. Ojo, que a mí me parece perfecto ver a mujeres ligeras de ropa, pero bueno para su salud no debe ser (la hipotermia acecha, amigas) y, sin ánimo de ofender, hay quienes no están hechas (o hechos) para llevar según que disfraces.
Pero, por suerte, todavía se pueden encontrar collas que buscan la originalidad y la diversión. Su única pretensión es pasarlo bien y divertirse, nada más. Y pese a que tal vez cuentan con disfraces más sencillos, cumplen con creces su objetivo. Esta es la Fórmula del Éxito.
La verdad, prefiero llevar un disfraz que menos ostentoso pero que sea más divertido  y pueda liarla a gusto (impagable la mezcla entre Batman y violador de este año), que gastarme un dineral en un disfraz sin personalidad y que tenga como único objetivo el lucimiento personal. Sobre todo teniendo en cuenta que no hay tanto que lucir…


miércoles, 2 de marzo de 2011

Igualdad de pacotilla

Hace un rato estaba viendo la tele y ha aparecido una noticia que hablaba sobre la prohibición que acababa de imponer la Unión Europea sobre el hecho de tener en cuenta el sexo del conductor a la hora de contratar el seguro de un automóvil. Hasta el momento, las mujeres han gozado de un precio menor al de los hombres, pero a partir del 2012 esto va a dejar de ser así. Gracias a las denuncias de asociaciones de consumidores (originadas en Bélgica me ha parecido escuchar), el precio que pagan las mujeres se equiparará al de los hombres.
Lo cierto es que me ha parecido algo vergonzoso.
Según las estadísticas, las mujeres sufren menos accidentes que los hombres (el típico estereotipo de la mujer inepta al volante parece que es un mito, estimados misóginos) y por ello hasta ahora habían gozado de estos descuentos. ¿Por qué ahora quitárselos? Al igual que se debe pagar más por ser un conductor novel, ya que según otras estadísticas el riesgo de sufrir un siniestro es mayor, veo completamente lógico que si las mujeres suelen accidentarse menos también paguen menos.
Se supone que es todo una cuestión de igualdad.
En un mundo moderno y tolerante como el nuestro, en el que siguen dominando las actitudes machistas, se despide a embarazadas y hay mujeres que cobran un sueldo inferior por el simple hecho de ser mujeres, es inconcebible que aquellas que, según los estudios, se han demostrado como conductoras más prudentes, disfruten de beneficios en el seguro de su vehículo mientras que los hombres debamos pagar más.
No nos dejemos engañar por una cortina de humo como esta y observemos aquello que intentan escondernos. El leitmotiv presente en cada rincón de la sociedad de hoy en día. El único e inimitable Don Dinero.
¿Realmente nos encontramos ante un problema de igualdad? Muy bien. Bajad el precio de los seguros a los hombres para que paguemos lo mismo que las mujeres y listos. ¿Qué pasa, no os parece bien? Vaya por dios… Todo lo que sea ganar más dinero perfecto, pero si es a la inversa la cosa ya no pinta tan bonita.
Generaciones de mujeres que lucharon por sus derechos estarán removiéndose en sus tumbas al ver como aquello por lo que pelearon es utilizado como mera excusa para amasar dinero.
En fin, ante nosotros un nuevo y bochornoso capitulo del culebrón que es nuestra sociedad. Como de costumbre, intentando distraer nuestra atención de sus verdaderos propósitos mediante cuestiones importantes que convierten en simples señuelos que no engañan a nadie.
Hoy le ha tocado a la igualdad de sexos. ¿Qué será lo siguiente?


viernes, 11 de febrero de 2011

Amor a 19'95€ la unidad

Como muchos de vosotros habréis comprobado, durante los últimos días nuestros cinco sentidos han estado sufriendo el asalto incesante de multitud de anuncios relacionados con San Valentín: “Si quieres a tu pareja, no puedes pasar sin comprar…”; “Demuéstrale tu amor con…”; y un largo etcétera de eslóganes por el estilo. Prensa, radio, televisión, internet; todos y cada uno de los medios de comunicación parecen empeñados en que no olvidemos que este lunes es San Valentín y hay que celebrarlo gastando la mayor cantidad de dinero posible.
Tal vez, desde mi posición de “soltero de oro”, no soy el más adecuado para hablar sobre como celebrar el “día de los enamorados”; no obstante, considero de pura lógica el que cualquier persona pueda ver que esta festividad se ha convertido en una mera excusa para que los comercios consigan hacer caja a costa de los incautos que pican.
¿Realmente es necesario realizar gastos tan elevados en regalos absurdos? A medida que han ido pasando los años, la variedad de elementos dedicados especialmente para esta festividad llega ya a rozar la locura y a la gente parece encantarle. Sin ir más lejos, ayer mismo vi un anuncio de Telepizza en el que promocionaban una pizza especial San Valentín que tenía forma de corazón. ¡Forma de corazón! ¿A qué mente privilegiada se le ocurrió semejante cosa? Y viendo esto… ¿con que nos sorprenderán en un futuro? ¿Implantes quirúrgicos en el cerebro que nos permitan ver una aureola rosa y escuchar música romántica cuando miremos a la persona amada? ¿Un dispositivo que le permita a esta detener el funcionamiento de tu corazón para dar a entender que este le pertenece? Porque, por supuesto, cuanto más cursi y pastelón sea el regalo, mucho mejor; no vayamos a regalar algo que realmente le sea útil a la persona que recibe el obsequio.
Es más, ¿a qué viene esta especie de obligación que ha impuesto la sociedad a regalar algo en este día en concreto? ¿Acaso si no lo haces es porque no quieres a tu pareja? ¿El amor debe manifestarse con dinero? ¿Tiene un precio?
Personalmente, considero que el amor por alguien lo demuestras a diario, sin necesidad de hacer un regalo en una fecha determinada. Un detalle puntual no debería compensar un año entero de desatención; porque lamentablemente, hay quien tolera un pasotismo a diario ¡pero pobre de ti que te olvides de celebrar la fecha que la sociedad considera que debe celebrarse!
En fin, si alguno de vosotros tiene oportunidad de celebrar San Valentín este lunes, mejor para vosotros. Regaladle algo a vuestra novia o novio, id a cenar a algún sitio bonito y echad un polvo de los que hacen historia. Eso sí, espero que si hacéis alguna de estas cosas, lo hagáis porque realmente os salen del alma y no porque un cartel de color rosa en la puerta de algún centro comercial os haya dicho que ese es el día en el que deben hacerse. Y por supuesto confío en que estos eventos no sean un hecho aislado y que se repitan en multitud de ocasiones a lo largo del año.
No os dejéis embaucar por convencionalismos ni permitáis que las grandes empresas hagan el agosto a costa de vuestros sentimientos.
No me seáis borregos.


viernes, 4 de febrero de 2011

Haciendo amigos

Supongamos que mañana vais a tomaros algo a un bar o cafetería. Da lo mismo si vais solos o acompañados; si pedís un café o un refresco;  si es por la mañana, por la tarde o por la noche. Llegáis, hacéis vuestro pedido, os lo tomáis tranquilamente, pagáis y os marcháis. Hasta ahí todo normal, ¿no? Es algo que, a lo largo de nuestras vidas, hemos realizado tantas veces que hemos perdido la cuenta. ¿Entonces cual es el principal elemento que distingue esta acción de la misma realizada hace poco más de un mes?
Exacto, no sales del local apestando a humo.
La nueva reforma de la Ley Antitabaco, que prohíbe el consumo de tabaco en cualquier local público (con algunas excepciones) y en las proximidades de colegios, hospitales y parques infantiles, ha causado un enorme revuelo en la sociedad. La mayoría de fumadores ha declarado estar en desacuerdo con esta nueva norma y algunos empresarios hosteleros se han mostrado desafiantes, haciendo caso omiso a la ley y permitiendo que se fume en sus negocios.
Tal vez sea porque yo veo el panorama desde los ojos de un no fumador, pero a mí me parece que este tipo de respuesta no es más que una rabieta de niños grandes.
A ver si me explico; por un lado tenemos a los empresarios, que alegan que el prohibir fumar dentro de los bares les hará perder muchas ganancias, ya que los fumadores no irán a consumir al no poder fumar en el interior del establecimiento. Esto dicen que llevará al cierre de negocios y a la pérdida de muchos puestos de trabajo. También se quejan de que muchos realizaron una inversión económica en adaptar zonas para fumadores en sus locales y que el endurecimiento de la ley ha hecho que este gasto haya sido en balde.
Para empezar, tendrían que darse cuenta de que estamos en un país en el cual la vida gira en torno al bar. Dudo mucho que, por el hecho de tener que salir a la puerta a fumarse un pitillo, la gente deje de ir a tomarse algo. En lo que respecta a las pérdidas económicas, no creo que vayan a ser tan grandes como quieren pintárnoslas. En lo referente al dinero invertido en adaptar el local, utilizando la lógica que ellos esgrimen de que los fumadores iban al bar porque se podía fumar, podría decir que las ganancias obtenidas durante el tiempo que los fumadores pudieron seguir consumiendo tabaco habrán sido más que suficientes para recuperar lo gastado en las reformas.
En definitiva, si uno presta atención a las noticias sobre estos hosteleros insurrectos, podrá darse cuenta de que la inmensa mayoría de ellos son propietarios de lo que se conoce normalmente como “bares de petaos”. Tal vez sea verdad que algunos de sus selectos clientes no acudan para tomarse el carajillo mañanero porque no pueden acompañarlo de un buen ducados, pero aquellos que frecuentasen el local porque le venía de camino al trabajo, tened por seguro que seguirán entrando a tomarse su café, se pueda fumar o no.
Por el otro lado encontraríamos a los propios fumadores. Aunque, por suerte, hay quienes tienen dos dedos de frente y encuentran lógico que no se pueda fumar en locales cerrados por respeto a aquellos que no fuman, hay otros que consideran esta ley antitabaco una afrenta a sus derechos fundamentales. Dicen que el no poder fumarse un cigarro mientras se toman algo en el bar es un recorte intolerable a sus libertades. Y en eso no estoy para nada de acuerdo.
Como suele decirse, tu libertad acaba donde empieza la mía, amigo. Y si esta supuesta libertad tuya puede afectar a mi salud, causándome enfermedades por el simple hecho de tragarme tu humo de segunda mano, estoy completamente de acuerdo en que te prohíban fumar en un lugar público. No me vale la demagogia de decir que tienes tanto derecho a fumar como yo a no hacerlo, o de que la ley es injusta para los empresarios que gastaron dinero en adaptar zonas para fumadores en los locales. Para mí son sólo excusas baratas para poder seguir con tu adicción al tabaco.
Mirad las cosas en perspectiva: Nuestra ropa no apestará a tabaco cuando salgamos del bar, se acabó el ser fumadores pasivos por culpa de un desconocido, la salud de los camareros no se resentirá al no pasar sus horas laborales inmersos en una nube de humo, los fumadores fumarán menos y su bolsillo lo notará, algunos incluso se plantearán dejar el vicio. En conclusión, todo son ventajas.
Acabaré la entrada comentando que, tal vez, algún fumador que haya leído esto se pueda haber sentido ofendido con mis palabras. No esperéis que me disculpe. Me reafirmo en todas y cada una de las cosas que he escrito hasta el momento.
Os avisé en el titulo: Siempre estoy haciendo amigos.


viernes, 28 de enero de 2011

Postman's Last Stand

Bien es sabido que, en tiempos de crisis económica, el tener un trabajo es algo extremadamente valioso. Por poco que sea el sueldo que recibes a cambio, si te permite sobrellevar algunos de tus gastos mensuales con relativa facilidad ya te puedes considerar un privilegiado. Es por esa razón que, si de la noche a la mañana te ves en la calle, la ausencia de estos ingresos a fin de mes supone un duro mazazo. Y aun lo es más si ves que el tema del despido se está llevando a cabo tras un velo de mentiras y tomaduras de pelo.
Yo soy “sabadero”; o bueno, tal vez sería más correcto decir “era”. Para aquellos que no estéis familiarizados con el término, decir que los sabaderos somos aquellos empleados de Correos que sólo trabajan durante los sábados. Aquellos que nos encargamos de sacarles las castañas del fuego a los carteros de diario dando salida a todas las cartas que se han ido acumulando a lo largo de la semana; los que debemos aguantar las quejas de los vecinos que sólo están en su domicilio los fines de semana debido al mal servicio dado de lunes a viernes; quienes hemos tenido que escuchar en multitud de ocasiones la frase “¿pero es que hay correo los sábados?”
Estos somos nosotros. Una especie en peligro de extinción que gracias a los altos cargos de Correos está destinada a desaparecer.
Seré sincero. Todo el asunto del despido de los sabaderos no me ha venido de nuevo. El rumor de que el 2010 iba a ser el último año en que íbamos a trabajar llevaba circulando durante meses. Como dice el refrán: “cuando el río suena, agua lleva” y con el tiempo lo habíamos llegado a asimilar. No obstante, como no quiero engañar a nadie, he de admitir que en lo más profundo guardaba la esperanza de que todo quedase en eso: rumores.
Hará casi dos meses, llegó el último día de trabajo del año y el jefe de nuestra oficina nos dijo que durante las navidades nos informarían sobre si volveríamos a trabajar o no. Y a partir de ese momento, dio comienzo un largo periodo de incertidumbre que ha llegado hasta el día de hoy y en el que las palabras que más hemos escuchado han sido “Todavía no se sabe nada”.
¿Acaso quieren hacernos creer que a estas alturas, casi dos semanas después del día en que se supone deberíamos habernos reincorporado a los puestos de trabajo, absolutamente nadie en toda la jerarquía de Correos sabe nada sobre nuestro futuro laboral? Venga, ¡por favor!
Me parece de muy poca vergüenza que estén jugando con el destino de muchos trabajadores, la gran mayoría de ellos jóvenes y estudiantes, que en muchos casos dependen para subsistir del sueldo que ganaban trabajando los sábados.
¿Qué es lo que esperan jugando al despiste de esta manera? ¿Que pase el tiempo y no podamos reclamar nada por lo que a todas luces es un despido improcedente en toda regla? ¿No son conscientes de que muchos de nosotros no nos hemos planteado buscar otro trabajo porque estábamos a la espera de lo que desde Correos nos podían decir?
En fin, los sabaderos de mi oficina hemos decidido seguir el ejemplo de muchos otros sabaderos del país y vamos a intentar luchar por lo que es nuestro, llegando hasta los tribunales si es necesario.
No vamos a permitir que años de levantarse los sábados a las seis de la mañana para ir a trabajar y de jornadas desempeñando funciones que no estaban en nuestro contrato acaben en un vergonzoso despido por la puerta de atrás y sin ningún tipo de compensación.
La lucha empieza este sábado a las siete de la mañana.
Y Postman está dispuesto a llegar hasta el final en la que será su última aventura.

¡¡¡NO LES DEIS NADA, ARREBATÁRSELO TODO!!!

miércoles, 26 de enero de 2011

Putas y Videntes

La vida del vago puede llegar a ser realmente agotadora. Levantarse tarde, grandes ingestas de comida basura, absoluta ausencia de ejercicio físico, aislamiento del resto de la sociedad, onanismo, irse a dormir a horas intempestivas,…; estas son sólo algunas de las actividades que un vago de cierto nivel (como es mi caso) tiene en su currículum y, que a la larga, acaban pasando factura tanto física como psicológicamente.
Y es precisamente a causa de una de estas actividades por lo que me he dado cuenta de un gran cambio que se lleva produciendo en la programación de las televisiones desde hace ya algún tiempo. Aviso: Aquí no voy a hablar de la programación en general; cualquier persona con dos dedos de frente ya será consciente que la actual televisión de este país es una completa basura, y que darse de cabezazos contra la pared es una actividad bastante más edificante que perder el tiempo viendo alguno de los programas que emiten.
Entonces os preguntareis: ¿Si dices que no vale la pena ver la televisión, como es que estas al tanto de las cosas que emiten?
La respuesta es sencilla: El ser humano es un animal al que le encanta comerse la mierda producida por otros seres humanos, aunque sepa que es mala. Y yo no soy ninguna excepción a la regla. No me paro a mirar detenidamente los programas, pero no puedo evitar tener puesta la tele de fondo mientras estoy haciendo otras cosas.
En fin, a lo que iba. La costumbre de quedarme levantado hasta tarde me ha permitido ver que, a partir de aproximadamente las dos de la madrugada, todos y cada uno de los canales dan el pistoletazo de salida a la emisión de pseudo-programas de temática clónica. Primero fueron los concursos de poca monta, amañados con un descaro vergonzoso. Y ahora se han puesto de moda los programas cuyo eje central son o la videncia o el “ligoteo”.

"¿Tu futuro económico? Preveo que vas a realizar un gran gasto muy pronto..."
Putas y videntes; lo único que encontrarás pongas el canal que pongas. Y es que estos son los nuevos dueños de la noche: timadores que estafan a los incautos que se deciden a llamar para preguntar lo que les depara el futuro y mujeres ligeras de ropa que se contonean intentando convencerte de que, si llamas al teléfono que te indican, podrás hablar con ellas en persona. Todas estas llamadas a un precio desorbitado, por supuesto.
Putas y videntes; ellos son los sustitutos a aquellas madrugadas de hace años, llenas de reposiciones de series antiguas que tanto nos entretuvieron durante las largas noches de insomnio. Una programación que aun guardo la esperanza de que regrese algún día, cuando los actuales directivos de las cadenas regresen de nuevo al plano infernal del que proceden y las televisiones vuelvan a estar bajo el control de los seres humanos.
Por lo que a mi respecta, ya podrían volver a poner la carta de ajuste.

COME BACK, PLEASE!!!

martes, 25 de enero de 2011

Derechos de Opresor

Y una vez más, se hace oídos sordos a la voz del pueblo.
En un Estado Democrático de Derecho, como se supone que es en el que nos encontramos, los gobernantes tienen el deber de escuchar la voluntad del pueblo y actuar en consecuencia. Sin embargo, nuevamente acaban de demostrarnos que no somos más que meros instrumentos para ellos. Que solo les interesamos para llegar al poder y, que una vez allí, nos desechan como pañuelos de papel usado.
Al fin y al cabo, no existen ni izquierdas ni derechas; solo un baile de mascaras en el que nadie es lo que parece y se mueven al son de la música de la orquesta dirigida por Don Dinero.
Cientos de años por la lucha de nuestros derechos parecen no haber servido para nada cuando ves como los gobernantes actúan con total impunidad, cual reyes absolutistas, haciendo caso omiso a lo que tengamos que decir aquellos que se supone que los hemos elegido.

Me dicen que es la villana de una peli de James Bond y me lo creo...
Y es que, después de que se votara en contra hace apenas unas semanas, la conocida como Ley Sinde, la cual permite el cierre de páginas web con contenido sujeto a derechos de autor, finalmente se va a aplicar. Gracias a los chanchullos entre diferentes partidos políticos, las muestras de rechazo hacia dicha ley llevadas a cabo por toda la red caerán en saco roto y veremos cómo, nuevamente, nuestras libertades se recortan un poco más.
Y yo me pregunto: ¿Por qué tanta avaricia? ¿No es suficiente con el pago de un canon digital, de precios desorbitados por un servicio de internet tercermundista comparado con otros países del mundo o de la tomadura de pelo que supone la compra de música y películas en ediciones vergonzosas a un precio de escándalo? ¿No les basta con extorsionar a bares y comercios, e incluso con desbaratar bodas, por el cobro de unos miserables euros?
Es evidente que la respuesta es no.
Ahora quieren privarnos de la posibilidad de compartir, sin ánimo de lucro, nuestros archivos con el resto del mundo, recortando nuestros derechos una vez más.
Pero bueno, hasta cierto punto les entiendo. Nosotros no compartimos; somos ladrones, piratas, sanguijuelas que nos aprovechamos de la creatividad de otros sin dar nada a cambio y, encima, tenemos la cara dura de insultarles diciendo que los ladrones son ellos. Y eso no lo pueden permitir. No pueden consentir de ninguna de las maneras que sus ya de por si rebosantes carteras pierdan la posibilidad de ingresar un euro más ni de que se cuestione su dignidad y derecho a exprimirnos. Que tengamos problemas para llegar a fin de mes no les preocupa, que haya familias al borde de la ruina debido a una terrible crisis económica no es ningún problema; mientras puedan seguir chupándonos la sangre, estarán contentos. Y todo ello con el beneplácito del Gobierno y el resto de partidos políticos.

Llegará el día en que esto será verdad
En fin, me despido a la espera de ver como se siguen desarrollando los acontecimientos. Pero antes de marcharme me gustaría recordar que, de existir un Infierno, este sería muy grande y en sus círculos destinados a ladrones, estafadores y avariciosos tendrían sitio de sobra y estarían encantados de acoger a todos aquellos políticos españoles, miembros de la SGAE y demás personajillos que tanto asco dan hoy en día y que quieren privarnos de la libertad que a nuestros antepasados tanto les costó conseguir.

¿Quien es el ladrón y quien la víctima?

lunes, 17 de enero de 2011

Cuando los muertos regresan de la tumba

Zombis y vampiros, vampiros y zombis. Últimamente cine, televisión y literatura se encuentran saturados de obras donde estas dos clases de seres de ultratumba gozan de un papel protagonista. Parece ser que cualquier producto en el que aparezcan vampiros o zombis, va a tener el éxito asegurado sea cual sea su calidad (véanse, por ejemplo, auténticos despropósitos surgidos de la mente de algún desequilibrado como Orgullo y Prejuicio y Zombis  o Abraham Lincoln Cazavampiros).
Además, en un intento de atraer a la mayor cantidad de público posible, las clásicas características de estos seres se han visto modificadas hasta un punto en el que rozan la ridiculez. Vampiros metrosexuales que brillan a la luz del sol y se enamoran de mortales adolescentes o zombis veloces que abren puertas, esgrimen armas e incluso saltan muros, son solo algunos de los cambios realizados y que, en mi humilde opinión, restan mucho de su encanto a estos monstruos.
En fin, después de esta pequeña introducción, me gustaría centrarme en los cambios que han sufrido los zombis, ya que durante las últimas semanas he estado viendo varias series y películas de este género y ver la diferencia entre las criaturas que en estas aparecen y los zombis de antaño ha sido lo que me ha llevado a ponerme a escribir.
Ojo, con esto no quiero decir que muchas de las obras actuales del género zombi sean malas. Películas como Amanecer de los Muertos (2004), 28 días después (2002) o Zombieland (2009) y series como The Walking Dead (2010) o Dead Set (2008), son obras de gran calidad y que entretienen mucho (bueno, personalmente no considero que Dead Set sea de gran calidad ni que entretenga mucho, pero es un clarísimo ejemplo de lo que quiero hablar a continuación). Sin embargo, los zombis ahí presentados distan mucho de aquellos que podíamos encontrar en films clásicos como La Noche de los Muertos Vivientes (1968) y que sirvieron para asentar las pautas del género durante décadas.
El típico zombi lento y torpe, aquel engendro zarrapastroso que deambulaba gimiendo por las ciudades devastadas y cuyo peligro se basaba en la superioridad numérica y su extrema voracidad, ha dado paso a auténticos velocistas dignos de ser investigados en el caso Galgo, seres ágiles, incansables y en extremo agresivos que saltan, gritan e incluso algunos son hábiles en el uso de armas. En resumen, siguen siendo muertos vivientes, pero han perdido muchas de las debilidades que les habían convertido en unos monstruos tan “encantadores”.
Es cierto que, en los tiempos que corren, el gran público busca películas repletas de acción y con un ritmo más trepidante, y una cinta donde la amenaza de turno sean unos seres que se caractericen por la torpeza y la lentitud les puede resultar aburrida. No obstante, yo soy de la opinión contraria. Una película de zombis clásicos puede ser tan o más entretenida que una protagonizada por los zombis “dopados” que están de moda en la actualidad. Llamadme anticuado, pero me produce más tensión una horda de centenares de muertos vivientes aguardando en el exterior a que algún humano desprevenido cometa el error de salir de su refugio y se ponga a su alcance, que unos cuantos zombis rabiosos aporreando las puertas y gritando a pleno pulmón para parecer así más peligrosos.
Por eso pido desde aquí que, por favor, no olvidemos a los antiguos zombis. Devolvámosles las infinitas horas de diversión que nos han dado en el pasado poniéndolos en el lugar que se merecen y démosles la oportunidad de entretenernos durante muchos años más.
Amigos, no abandonéis a los zombis. Ellos nunca lo harían… siempre tienen hambre.