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martes, 18 de octubre de 2011

Matí universitari

Martes, nueve y veinte de la mañana. Gracias a los magníficos horarios de RENFE llego a clase diez minutos antes de que esta de comienzo; si cojo el tren siguiente ya llego tarde. Entro en la clase desierta y aprovecho este tiempo muerto para comerme el bocadillo que llevo para desayunar e ir encendiendo el netbook.
Accedo al wifi de la facultad (hoy por suerte funciona, no como ayer) y abro el documento de Word donde tengo los apuntes de la asignatura. Història de los Països Europeus I – Catalunya, no puede haber mejor manera de empezar el día…
La clase no tarda mucho en ir llenándose de gente, aunque para la que acostumbra a haber normalmente hoy está bastante vacía. Con un par de minutos de retraso, el profesor entra en el aula y se dirige hacia su mesa. Empieza a trastear con el ordenador y al momento el proyector hace aparecer unas imágenes en la pantalla. Parece que hoy nos va a pasar un documental. Mira por donde al final la clase puede que no esté tan mal.
La Bomba del Liceu, ese es el tema sobre el que va a tratar el documental. Empezamos con diversos planos del interior del Liceu mientras de fondo se escucha a una mujer cantando opera y la cosa sigue con una serie de entrevistas a historiadores, periodistas, etc. Hablan de Santiago Salvador, el autor del atentado, y básicamente lo ponen a parir, definiendo a todos los anarquistas violentos como personas sin interés.
Durante este tiempo la puerta del aula se ha ido abriendo en varias ocasiones para dejar paso a los más rezagados, que se esfuerzan a recorrer los estrechos huecos que dejan las mesas en estas aulas patera para poder encontrar un sitio donde sentarse.
El documental continua, pasando a hablar de puros aspectos técnicos de la opera que se representaba en el Liceu durante el atentado, Guillermo Tell. Después hablan sobre las bombas utilizadas (una de las cuales no llegó a explotar) y sobre las víctimas causadas por la explosión.
El profesor ha dicho que el documental dura más de ochenta minutos, pero llevamos poco más de media hora y ya han hablado de todos los aspectos que me podrían parecer interesantes al respecto de este hecho. ¿Qué van a hacer durante la hora que todavía queda?
Uno de los historiadores hablando de los “hábiles interrogatorios” a los que fueron sometidos algunos de los sospechosos de ser autores del atentado consigue arrancarme una sonrisa. Parece que lo bueno todavía no ha acabado.
Cinco minutos después ya están hablando de la ejecución de Santiago Salvador… Ahora sí que no tengo ni idea de que temas van a seguir tratando durante el tiempo que falta. El tío que tengo sentado al lado no deja de echar vistazos a mi pantalla para ver que es lo que estoy escribiendo. Me esta empezando a poner nervioso.
Finalmente he desconectado. Empiezo a cotillear por Facebook y twitter. El documental se ha convertido en un zumbido de fondo al que no presto atención. Esto me mantiene distraído durante un buen rato. No sé qué he estado haciendo hasta ahora sin el netbook en clase.
No obstante, también llego a cansarme de navegar por internet. Levanto la vista y observo al resto de estudiantes que me acompañan en el aula. Localizo a un par de chicas que están de buen ver y me dedico a desnudarlas mentalmente y a fantasear un poquito. Acabo distrayéndome incluso más que con internet.
Cuando me quiero dar cuenta, el documental está a punto de terminar. Han pasado a una discusión sobre la pena de muerte en una clase de adolescentes charnegos de mentalidad limitada y catalán del Hospitalet. Una buena traca final para acabar la mañana. No he tomado ningún tipo de apuntes en toda la clase.
Voy a ir apagando esto y preparándome para salir del aula. Son casi las once. En teoría tengo una clase más, arqueología, pero como todos los días que he ido he acabado haciendo incluso menos que en este rato que he relatado, me parece que me voy a ir para casa. O al Fnac a cotillear libros y pelis. Lo decidiré sobre la marcha.
Que maravillosa es la vida universitaria…


jueves, 28 de julio de 2011

Blitz

Seguro que todos vosotros os habéis encontrado alguna vez en esta situación: Por cualquier motivo (dolor de cabeza, examen al día siguiente, hemorragias menstruales, intoxicación por radiación, etc.) os veis obligados a abandonar a vuestro grupo de amigos a horas tempranas o, directamente, no podéis quedar con ellos; al día siguiente os llegan noticias de que os perdisteis una fiesta colosal, increíble, de aquellas que jamás vuelven a repetirse. Vosotros intentáis mantener el tipo y os comportáis con cierta indiferencia, de cara al público os alegráis de que vuestros amigos se lo pasaran tan bien. Sin embargo, por dentro os corroe la envidia.

Cuidado, que con esto no quiero decir que no os haga gracia que vuestros amigos se lo pasen bien en vuestra ausencia, sino el hecho en sí de haberos perdido una ocasión única y especial. La diferencia entre ambas cosas es pequeña, pero existe, y no quiero que penséis que soy un cabrón que cuando debe quedarse en casa se pasa el tiempo deseando que sus amigos no se diviertan un ápice.

Ciertamente, es normal que esto pueda suceder en alguna ocasión. Las probabilidades de que el día o la noche en que decides ausentarse acaben resultando memorables están ahí. No obstante, cuando este hecho empieza a ser algo habitual, deberíamos preguntarnos qué es lo que sucede.

Si resulta que en cada puñetera ocasión en que nuestros amigos se encuentran sin nosotros los niveles de diversión y desenfreno llegan a límites legendarios habría que empezar a preocuparse. ¿Estamos malditos? ¿Hay alguna extraña fuerza cósmica que conspira en nuestra contra y desea que nos perdamos todos aquellos eventos que queden grabados en la memoria de nuestros camaradas? ¿O tal vez se trata simplemente de un amigo tocapelotas que tiene la extraña afición de exagerar las situaciones, convirtiendo una noche del montón en  una orgía dionisíaca, con el único fin de que nos carcoman los celos?

Expertos de todas partes del mundo se encuentran estudiando este fenómeno a la espera de poder dar con una respuesta al enigma. Por lo que a mí respecta, haré oídos sordos a los comentarios que pueda hacer la gente sobre los eventos a los que me ausento. Porque ya sea cosa de un hechizo, del karma o del gilipollas de turno, nada va a hacer que me arrepienta de las decisiones que tome (ya sean voluntarias o forzadas por elementos externos).

Que les den por culo a todos, yo quiero volver a ser Fornido Rock.


miércoles, 20 de abril de 2011

Nueva década, nuevas reglas

¿Hay alguien ahí? ¿Por algún casual todavía quedan personas que entren en este rinconcito de la red perdido de la mano de dios? Si es así, me alegro.
Hace mucho tiempo desde la última actualización, lo se; pero cuando uno pasa por un periodo de sequía creativa suele ocurrir que no encuentra ninguna idea para escribir. Me diréis que los temas que acostumbro a tratar tampoco necesitan de una especial creatividad ni imaginación, tenéis razón; no obstante, tampoco quiero limitarme a aburriros con mi vida diaria porque, sinceramente, ni a vosotros os interesará ni yo tengo intención de que sepáis de mi mas de lo estrictamente necesario.
En fin, mientras trabajo en un proyecto con el que espero dar un soplo de aire fresco a este blog, intentaré actualizar más a menudo, sin largas pausas como ha ocurrido en esta ocasión.
Y, entrando de una vez en materia, regreso por todo lo alto con un tema por el cual, algunos de vosotros, podríais tildarme de friki o antisocial: ir solo al cine.
Hoy, sin ir mas lejos, estaba aburrido en casa y me he decidido a ir solo al estreno de "Scream 4". Si, soy un sentimental y no me ha importado pagar por ver la nueva entrega de una saga que me ha hecho pasar buenos ratos en el pasado. Lo cierto es que la película ha estado bastante bien, más de lo que esperaba, y os la recomiendo si queréis pasar el rato con una película de terror a la vieja usanza, entretenida y sin pretensiones.
No obstante, este no es el tema a tratar. 
En la actualidad, ir al cine se ha convertido en una práctica social, ya sea con la familia, con amigos o con la novia, lo normal es ir con más gente y no es habitual ver a alguien yendo solo a ver una película.
Yo disfruto acudiendo solo al cine. Me ahorro muchos quebraderos de cabeza que se producen cuando uno va en grupo: no he de ponerme de acuerdo en que película ir a ver, ni que sesión, ni nadie llega tarde y me toca entrar a la sala una vez empezado el film. Llamadme borde, pero si se supone que vas al cine a ver la película, no necesitas a nadie más al lado para realizar tal actividad.
Ojo, no penséis que soy un ermitaño que rehuye el contacto humano. Disfruto también al ir al cine acompañado, no obstante, me parece que ir solo debería ser algo que no extrañase a los demás cuando se lo cuento.
Por eso os digo: id solos al cine algún día; no os comáis la cabeza intentando encontrar a alguien que os acompañe, cuadrando horarios y haciendo malabarismos con la agenda. Simplemente buscad una peli que os interese, comprad la entrada y disfrutad de ella. Ya me contaréis.
¡Un saludo para todos!


lunes, 14 de marzo de 2011

La Fórmula del Éxito

Bueno, bueno, ha pasado más de una semana desde la última actualización. ¿Me echabais de menos? Lo cierto es que estos días no han sido los más idóneos para escribir nada, tanto por falta de ideas como por falta de tiempo. Sin embargo, una vez que el Carnaval ha terminado y se han dejado atrás sus secuelas físicas y psíquicas, llegó la hora de ponerse de nuevo manos a la obra e inundaros con todo aquello que me apetezca contar y vosotros no tengáis el más mínimo interés en escuchar.
Y vuelvo a la carga hablando del mismo tema que en la entrada anterior: el Carnaval.
Quien más y quien menos, ha escuchado hablar alguna vez sobre el Carnaval de Sitges; un pomposo despliegue de carrozas, disfraces y música a todo volumen que, para aquellos que no salen disfrazados en alguna de las muchas collas, puede llegar a hacerse interminable. No nos engañemos, pese a encantarme el Carnaval, algún año que he tenido que ver el espectáculo desde la barrera me he cansado rápidamente de la procesión de carrozas y estoy convencido de que aquellos que habéis vivido esta situación en vuestras carnes estáis de acuerdo conmigo.
En el lado contrario están aquellos que participan en la rua, que se ven sometidos a un extraño fenómeno espacio-temporal que comprime el tiempo de tal manera que las horas que dura todo el recorrido parece que son unos cuantos minutos.
Pero bueno, antes de irme más por las ramas volveré al tema en cuestión que quería tratar. Y es que con el paso de los años, he podido ir comprobando como la temática de los disfraces de la mayoría de las collas ha ido encaminándose cada vez más a lucirse y enseñar carne que a buscar un disfraz original y divertido. Plumas, torsos desnudos, tangas microscópicos… llega el punto en que algunos disfraces parecen copias los unos de los otros a las que solamente se les ha cambiado el color. “¿De qué es tu disfraz? Fantasía de…” con este título se denomina a los diferentes disfraces que recuerdan muy vagamente a aquello en lo que se supone que se inspiran.
Tal ausencia de ropa, me hace pensar que los diseñadores de estos disfraces deben creer que estamos en Rio de Janeiro o en las Canarias, olvidándose que en realidad vivimos en la costa del Mediterráneo y que aquí, en febrero, acostumbra a hacer un frío que te cagas. Ojo, que a mí me parece perfecto ver a mujeres ligeras de ropa, pero bueno para su salud no debe ser (la hipotermia acecha, amigas) y, sin ánimo de ofender, hay quienes no están hechas (o hechos) para llevar según que disfraces.
Pero, por suerte, todavía se pueden encontrar collas que buscan la originalidad y la diversión. Su única pretensión es pasarlo bien y divertirse, nada más. Y pese a que tal vez cuentan con disfraces más sencillos, cumplen con creces su objetivo. Esta es la Fórmula del Éxito.
La verdad, prefiero llevar un disfraz que menos ostentoso pero que sea más divertido  y pueda liarla a gusto (impagable la mezcla entre Batman y violador de este año), que gastarme un dineral en un disfraz sin personalidad y que tenga como único objetivo el lucimiento personal. Sobre todo teniendo en cuenta que no hay tanto que lucir…


jueves, 3 de marzo de 2011

Alabem tots al rei dels poca-soltes!!

¿Cuando cae Carnaval este año? Se trata de una pregunta que todos hemos escuchado alguna vez que otra y es que la movilidad en la fecha  de esta festividad es algo que nos trae de cabeza a más de uno. No obstante, la espera ha llegado a su fin y tras más de un largo año, podemos decir que el carnaval ha vuelto. ¡Ya era hora!
Disfraces, carrozas, comparsas, merengadas, música en las calles y la impunidad para dar rienda suelta a las mayores locuras; todos estos elementos conforman un cóctel explosivo que convierte al carnaval en una de las mejores festividades del año.
Y es que uno, en carnaval, tiene carta blanca para hacer todo aquello que puede estar mal visto durante el resto del año. Mediante el uso de un disfraz, que siempre otorga algo de anonimato y te permite adoptar una personalidad diferente, y la mayor permisividad de la que hace gala la gente, estos días se convierten en una válvula de escape para soltar todo aquello que nos guardamos al no ser bien aceptado socialmente o simplemente porque no nos atrevemos a hacerlo.
Tampoco os asustéis, no tengo pensado matar a nadie ni nada por el estilo. Simplemente, en estas fechas me siento menos cohibido a la hora de hacer el gilipollas en publico. Dejaré que sea mi disfraz el que me lleve a mí y no la inversa. A ver donde acabo...
De modo que, amigos, dejad de lado la vergüenza, los prejuicios y todo aquello que suponga un lastre y preparaos para unos días de diversión, locura y desenfreno. ¡Disfrutad tanto como podáis!

Per Carnaval, tot s’hi val!!!


jueves, 3 de febrero de 2011

¿Sabes que el otro día me lié con un tío que...?

Lo reconozco, soy un cotilla.
Si, no tengo ningún problema en admitirlo; me encanta escuchar las conversaciones ajenas cuando estoy en algún lugar público. Ya sea en el tren, el metro, un bar o el sitio donde espero a alguien con quien he quedado; adoro conectar la parabólica y enterarme de la vida de las personas que hay a mi alrededor.
Supongo que hay gente que me comprenderá y otros que me mirarán con repugnancia ante semejante afrenta a la intimidad de aquellas personas que tengan la mala suerte de cruzarse conmigo. No mintáis, se que a vosotros también os gusta.
¿Acaso jamás habéis escuchado la conversa de otros por el simple hecho de estar aburridos y no tener nada mejor que hacer? ¿No habéis disfrutado del placer que supone poner disimuladamente en pause el mp3 para poder enteraros de todo lo que dice la persona a vuestro lado bajo el amparo de la supuesta música? ¿Nunca habéis sentido la necesidad de dirigirle la palabra a esa persona para saber cómo termina la historia que estaba contando porque tú debes marcharte ya de allí?
Si me decís que no, sinceramente no os voy a creer. Pero si por alguna remota posibilidad fuera verdad que jamás lo habéis hecho, no podría hacer otra cosa a parte de compadeceros. No sabéis lo que os perdéis.
Uno se puede enterar de muchas cosas interesantes escuchando lo que dicen los que hay a su alrededor. Ayer, sin ir más lejos, obtuve un maravilloso resumen de la vida sentimental durante el último año de la chica que estaba sentada en la mesa de al lado del McDonald’s; o ara un par de semanas asistí a una clase magistral de un grupo de personajes que discutían acerca de la posible ubicación de la Atlántida y de que en la Antigua Grecia utilizaban condones de mármol para tener relaciones sexuales.
En fin, si ciertamente hay alguien que nunca ha prestado atención a las conversas ajenas, tan solo puedo recomendarle que la próxima vez que se encuentre en algún lugar público, agudice los oídos y escuche las historias que la gente pueda contarle sin ser consciente de ello.
Y a los que, como yo, habéis practicado alguna vez el sagrado arte del cotilleo os pregunto… ¿Cuál ha sido la conversa más interesante, surrealista o disparatada que vuestras redes han captado?

Tranquilos, aun no he llegado a estos extremos...