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miércoles, 18 de enero de 2012

La Ciencia de la Deducción

No siempre es fácil adaptar un libro al cine o a la televisión. Ya sea justificadamente o no, siempre habrá aquellos que pongan el grito en el cielo una vez visto el resultado: este actor no me pega en el papel, me imaginaba este lugar de otra manera, han recortado tal escena, etc. Y ya en el caso de que la adaptación sea mucho más libre y se permita realizar cambios en el trasfondo de la historia o modificar completamente los eventos que en ella se narran, la situación se vuelve todavía más peliaguda.
Es por eso que cuando me enteré de que habían realizado una serie de televisión que narraba las aventuras de Sherlock Holmes si este viviera en la época actual, no pude hacer otra cosa que sentir cierto recelo. Siempre me ha gustado el personaje de Holmes y me daba miedo ver lo que podían haber hecho al someterlo a cambios tan radicales como los que el planteamiento de la serie me hacía suponer.


Creado por Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes hizo su primera aparición en la obra “Estudio en Escarlata”, publicada el año 1888, y desde el instante en que sale a escena se puede ver que se trata de un hombre peculiar, sumamente inteligente y cuyas increíbles capacidades de deducción le permiten averiguar en una fracción de segundo que el hombre que se convertirá en su mejor amigo y compañero de aventuras, el doctor John Watson, es médico y ha estado largo tiempo sirviendo en el ejercito británico en Afganistán. A esta primera novela le siguieron multitud de relatos con el extravagante detective como protagonista y, con el paso de los años, Holmes se ha convertido en el referente por antonomasia de la literatura detectivesca y el primer personaje que a uno le viene a la cabeza cuando escucha la palabra “detective”.

Pero volviendo al tema principal, una vez vistas las dos primeras temporadas de Sherlock (3 capítulos de hora y media aproximadamente cada una) he de decir que mis temores respecto a lo que podía encontrarme eran totalmente infundados. Los creadores de la serie han sabido adaptar muy bien a Holmes al mundo actual sin hacer que pierda muchas de las peculiaridades que hacen tan interesante al personaje. Sus aventuras en el Londres del siglo XXI siguen conservando el espíritu de las originales escritas por Conan Doyle, algunas de ellas empezando con la misma premisa que estas y luego divergiendo completamente, u otras salpicadas de guiños que aquellos fans del detective identificaran fácilmente.


Sin embargo, este no es el único Holmes que podemos encontrar a día de hoy. Y es que este comienzo del 2012 ha estado marcado por el estreno, prácticamente simultáneo, de dos versiones de Sherlock Holmes completamente diferentes. Una es la de la serie que acabo de mencionar y la otra está en el cine, con un Holmes interpretado por Robert Downey Jr. bajo la dirección de Guy Ritchie, el cual nos ofrece una visión del detective en época victoriana bastante más centrada en la acción y la aventura que en la investigación propiamente dicha. La primera parte de las aventuras del Holmes de Ritchie, estrenada en 2009, me gustó bastante; pero la secuela, titulada Juego de Sombras, me ha parecido que dejaba excesivamente de lado la faceta detectivesca decantándose más por una “buddy movie” (ojo, que la primera ya lo era, pero la historia de detectives estaba ahí) y me ha dejado un sabor de boca bastante agridulce. No puedo decir que la película me desagradara, pero ha quedado totalmente eclipsada por el Sherlock televisivo, con un magistral Benedict Cumberbatch como Holmes y un Martin Freeman dándole la replica perfecta como John Watson.

En definitiva, Sherlock Holmes está de moda y lo podeis encontrar en versiones para todos los gustos. Pero desde aquí os recomiendo fervientemente que, si tenéis que elegir entre alguno de los dos, le deis una oportunidad a esta genial serie, demasiado corta para mi gusto, pero con la que estoy seguro que disfrutareis como enanos y que la hora y media que dura cada episodio se os pasará en un suspiro.


martes, 20 de septiembre de 2011

Deus ex machina

La expresión Deus ex machina tiene su origen en las obras de teatro de las antiguas Grecia y Roma, a consecuencia de ciertos momentos en los que un dios descendía sobre el escenario montado en una grúa para resolver una situación muy complicada. En la actualidad, sin seguir una traducción tan literal, dicha expresión se utiliza para hablar de aquellas situaciones en las que en un libro, película, obra de teatro o serie de televisión aparece un elemento que resuelve la trama sin seguir una lógica con el argumento establecido hasta el momento.


Es cierto que hay veces en que algunas historias llegan a enredarse tanto que el introducir uno de estos elementos milagrosos se convierte en la única solución posible. Sin embargo, hay otras en las que se recurre a ellos como salida fácil, llevando la historia en cualquier dirección teniendo la seguridad de que, llegado el momento, aquello que resuelva la situación caerá del cielo.
Considero que el recurrir de manera excesiva a los Deus ex machina es algo que puede llegar a destrozar una historia. Si se llega a un punto en que eres plenamente consciente de que, suceda lo que suceda, la situación va a acabar resolviéndose en el ultimo momento y por arte de magia, el interés que uno pueda tener por aquello que esta leyendo o viendo desaparecerá por completo.
En la novela Misery, de Stephen King, el protagonista , Paul Sheldon, es secuestrado por Annie Wilkes, una fan desquiciada que le obliga a escribir la continuación de su saga de novelas más famosa. Puesto que al final del libro anterior Paul había matado a la protagonista, inicialmente intenta una salida Deus ex machina para traerla de vuelta. Este hecho enfurece enormemente a Annie, que considera que estos eventos son "hacer trampa" y que lo único que consiguen es destruir la historia, y acaba por castigar a su cautivo para que consiga salir de la situación en la que él mismo se había metido al final de la otra novela. Con esto no estoy diciendo que este bien llegar a los extremos de psicopatía de Annie, pero si que tiene algo de razón al sentirse estafada ante este tipo de situaciones. Y más aún si se convierten en una costumbre.
¿Vosotros que opináis?

domingo, 18 de septiembre de 2011

Ex Libris Vol.2 - A Dance With Dragons

Suele suceder que, cuando un libro (o colección de libros) es adaptado al cine o a la televisión, empiezan a salir fans incondicionales de debajo de las piedras. Parece como si la historia que se narra en la película o serie no existiera hasta ese momento y lo que suele suceder en realidad es que el producto cinematográfico resulta bastante inferior a la obra literaria. Es una lástima que, en la sociedad en la que nos encontramos, la afición por la lectura se esté perdiendo. La gente no descubre historias maravillosas por miedo a abrir un libro. Sin embargo, no voy a dedicarme a hablar acerca de esto. Tal vez otro día.
Todo este rollo me ha venido a la cabeza a raíz del último libro que he leído y he acabado hará unas pocas horas: A Dance With Dragons, de George R.R. Martin. Este libro, publicado el pasado mes de julio, es la quinta parte de la serie de novelas Canción de Hielo y Fuego, de la cual la primera parte, Juego de Tronos, fue adaptada a la televisión hace unos pocos meses (y bastante fielmente debería añadir).
Conocí la existencia de estos libros gracias a una compañera de la universidad y ya desde el primer libro me enamoré de la historia y de sus personajes: Tyrion Lannister, el enano hermano de la reina; Jon Nieve, el bastardo de la casa Stark; su hermana, la pequeña Arya; o la princesa en el exilio, Daenerys Targaryen; son solo algunos de los protagonistas con los que no tardas en encariñarte.
No voy a entrar en spoilers por si alguno de los que leáis esto tenéis interés en echar mano de los libros (o ver las siguientes temporadas de la serie de televisión…). Acerca del argumento tan solo diré, como ya se encarga de hacer el autor en la primera página del libro, que no se trata estrictamente de una continuación de la historia. Este volumen y el anterior, Festín de Cuervos, suceden a la vez en el tiempo, lo único que cada uno narra lo sucedido con unos personajes en concreto. Sin embargo, llega un momento en que A Dance With Dragons alacanza el límite cronológico establecido por su predecesor y continúa narrando la historia, trayendo de vuelta a algunos personajes que ya habían aparecido en el volumen anterior. Tal vez por este hecho podría decir que este quinto libro me ha gustado más que Festín de Cuervos, ya que prácticamente todas las historias narradas han sido las de mis personajes favoritos, mientras que en el cuarto libro tan solo aparecían dos de ellos.
Por si alguno se pregunta porque me he referido al libro con su título original mientras que al resto los he nombrado con el título traducido, se debe a que no he tenido espera a que lo tradujeran y me lo he leído en inglés. La lectura se hace un poco más pesada pero también va bien para no oxidarse después de mucho tiempo sin practicar este idioma. No sé cuándo llegará la traducción, pero de este modo la espera se hará más llevadera.
Ahora tan solo me queda esperar a que se publique la sexta parte, The Winds of Winter, para saber cómo continúa todo. Sin embargo, teniendo en cuenta que entre la publicación de la cuarta y la quinta entrega pasaron casi seis años, creo que la espera va a ser larga…


jueves, 10 de febrero de 2011

Ex Libris Vol.1 - El Nombre de la Rosa

Ex Libris, en latín “de entre los libros de”, es el título que voy a dar a esta sección del blog en la que hablaré acerca de los libros que vaya leyendo. Como ya viene siendo habitual, os aviso de antemano de que no esperéis encontrar tan sólo obras maestras y grandes clásicos; leo mucha mierda y no voy a hacer distinciones entre bueno y malo a la hora de escribir las entradas. Tampoco esperéis un análisis exhaustivo de cada obra, tan solo hablaré un poco acerca del argumento y daré mis opiniones personales; si buscáis otra cosa, leed a un crítico literario.
En fin, una vez puestos en situación, voy a dar comienzo a la primera de las críticas; una obra que he terminado hoy mismo y que a muchos os resultará conocida: El Nombre de la Rosa, de Umberto Eco.
Ambientada en el siglo XIV, la novela relata la historia del joven novicio benedictino Adso de Melk y de su maestro, fray Guillermo de Baskerville, que llegan a una abadía en el norte de Italia por orden del emperador para ejercer de mediadores en un encuentro entre franciscanos y enviados del papa. Una vez allí, se verán envueltos en una trama de misteriosos asesinatos de monjes, relacionados con los secretos que guarda la biblioteca de la abadía. Guillermo, que posee unas impresionantes capacidades deductivas, iniciará una investigación para encontrar al asesino y poner fin a las muertes.
A grandes rasgos, esta sería la sinopsis de la obra; un argumento muy atractivo a simple vista. ¿Cuál es el problema entonces? Pues la principal debilidad que le he encontrado a esta obra son los grandes altibajos que se producen en el ritmo narrativo. Cuando la trama detectivesca empieza a ponerse interesante se ve interrumpida por interminables páginas de debates teológicos y sobre la estructura de la iglesia del medievo. Con esto no quiero decir que no sea interesante que se hable de dichos elementos, pero en mi opinión el autor se extiende demasiado en ello y hace que la lectura se haga excesivamente tediosa en algunos momentos.
Otro elemento que ha jugado en mi contra a la hora de leer ha sido que ya sabía de antemano el desenlace de la historia, puesto que en clase de literatura de bachillerato la profesora nos lo explicó con pelos y señales (si, los spoilers también existen en el mundo académico). Por esta razón, no he podido disfrutar de la emoción que supone ir desvelando los misterios poco a poco, a medida que los personajes van averiguando que se esconde detrás de los sucesos que tienen lugar en la abadía.
No obstante, debo decir que el libro no me ha dejado mal sabor de boca y se lo recomiendo a todo aquel que quiera leer una aventura detectivesca ubicada en un escenario poco habitual para estas.
Yo, por mi parte, intentaré mirarme la película basada en esta obra y comparar ambas puesto qua todo aquel al que durante estos días le he explicado lo que estaba leyendo, me ha dicho que la película estaba muy bien (cosa habitual en los días que corren: si ya está la película, ¿para qué leerme el libro?).
¡Nos leemos!


lunes, 17 de enero de 2011

Cuando los muertos regresan de la tumba

Zombis y vampiros, vampiros y zombis. Últimamente cine, televisión y literatura se encuentran saturados de obras donde estas dos clases de seres de ultratumba gozan de un papel protagonista. Parece ser que cualquier producto en el que aparezcan vampiros o zombis, va a tener el éxito asegurado sea cual sea su calidad (véanse, por ejemplo, auténticos despropósitos surgidos de la mente de algún desequilibrado como Orgullo y Prejuicio y Zombis  o Abraham Lincoln Cazavampiros).
Además, en un intento de atraer a la mayor cantidad de público posible, las clásicas características de estos seres se han visto modificadas hasta un punto en el que rozan la ridiculez. Vampiros metrosexuales que brillan a la luz del sol y se enamoran de mortales adolescentes o zombis veloces que abren puertas, esgrimen armas e incluso saltan muros, son solo algunos de los cambios realizados y que, en mi humilde opinión, restan mucho de su encanto a estos monstruos.
En fin, después de esta pequeña introducción, me gustaría centrarme en los cambios que han sufrido los zombis, ya que durante las últimas semanas he estado viendo varias series y películas de este género y ver la diferencia entre las criaturas que en estas aparecen y los zombis de antaño ha sido lo que me ha llevado a ponerme a escribir.
Ojo, con esto no quiero decir que muchas de las obras actuales del género zombi sean malas. Películas como Amanecer de los Muertos (2004), 28 días después (2002) o Zombieland (2009) y series como The Walking Dead (2010) o Dead Set (2008), son obras de gran calidad y que entretienen mucho (bueno, personalmente no considero que Dead Set sea de gran calidad ni que entretenga mucho, pero es un clarísimo ejemplo de lo que quiero hablar a continuación). Sin embargo, los zombis ahí presentados distan mucho de aquellos que podíamos encontrar en films clásicos como La Noche de los Muertos Vivientes (1968) y que sirvieron para asentar las pautas del género durante décadas.
El típico zombi lento y torpe, aquel engendro zarrapastroso que deambulaba gimiendo por las ciudades devastadas y cuyo peligro se basaba en la superioridad numérica y su extrema voracidad, ha dado paso a auténticos velocistas dignos de ser investigados en el caso Galgo, seres ágiles, incansables y en extremo agresivos que saltan, gritan e incluso algunos son hábiles en el uso de armas. En resumen, siguen siendo muertos vivientes, pero han perdido muchas de las debilidades que les habían convertido en unos monstruos tan “encantadores”.
Es cierto que, en los tiempos que corren, el gran público busca películas repletas de acción y con un ritmo más trepidante, y una cinta donde la amenaza de turno sean unos seres que se caractericen por la torpeza y la lentitud les puede resultar aburrida. No obstante, yo soy de la opinión contraria. Una película de zombis clásicos puede ser tan o más entretenida que una protagonizada por los zombis “dopados” que están de moda en la actualidad. Llamadme anticuado, pero me produce más tensión una horda de centenares de muertos vivientes aguardando en el exterior a que algún humano desprevenido cometa el error de salir de su refugio y se ponga a su alcance, que unos cuantos zombis rabiosos aporreando las puertas y gritando a pleno pulmón para parecer así más peligrosos.
Por eso pido desde aquí que, por favor, no olvidemos a los antiguos zombis. Devolvámosles las infinitas horas de diversión que nos han dado en el pasado poniéndolos en el lugar que se merecen y démosles la oportunidad de entretenernos durante muchos años más.
Amigos, no abandonéis a los zombis. Ellos nunca lo harían… siempre tienen hambre.