domingo, 13 de febrero de 2011

¡Hasta la próxima, oh dulce navidad!

Seguramente, más de uno se preguntará a que viene que diga esto a mitad del mes de febrero. Una afirmación puede resultar de lo más extraña, cierto. Pero la verdad es que, para mí, el día de hoy supone el punto y final a las que, posiblemente, han sido las vacaciones de navidad más largas de mi vida.
Cuando se está en el mundo universitario, y más concretamente en la UB (lo siento, amigos de la UPF), uno se acostumbra a que el mes de enero se convierta en una especie de campo de minas, siendo estas últimas los diferentes exámenes que se encuentran dispersos por el calendario. El resto de días se dedican (en teoría) a la preparación de estos exámenes: La biblioteca se convierte en el segundo hogar de muchos de los estudiantes, las fiestas en fin de semana se ven suprimidas o reducidas a su mínima expresión y nos vemos obligados a sumergirnos en hojas y hojas de apuntes. O al menos eso es lo habitual.


Por alguna especie de misterio cósmico, este año la UB ha decidido que las clases no se reanudasen la primera semana de febrero, sino la tercera. Algo que desconocía antes de las vacaciones y que me alegró muchísimo cuando me enteré.
Si a este hecho le sumamos que tan sólo tuve que hacer un examen, que el estudio para él no fue muy intenso y que no volví al trabajo como era habitual cada enero; podría decirse que el periodo que se comprende entre el último día de clase antes de navidad y el día de hoy, que abarca casi dos meses, ha sido como unas larguísimas vacaciones de navidad.
La verdad es que unas vacaciones casi tan largas como las de verano son una auténtica delicia, pero al igual que estas últimas, también tienen sus inconvenientes.
Tanto tiempo de vaguerío dedicado exclusivamente al ocio me ha malacostumbrado y la sola perspectiva de tener que volver a madrugar, de volver a coger el tren y de encerrarme durante horas en un aula, se me presenta como un verdadero trauma.
¿Significa esto que me he dejado seducir en demasía por los placeres de la vida NiNi? Probablemente.
Sin embargo, como soy una persona responsable y trabajadora (o al menos eso procuro aparentar), mañana madrugaré, cogeré mi mochila y mi síndrome postvacacional, me montaré en el tren y me dirigiré de nuevo hacia la rutina.
¡Deseadme suerte!

Y mientras, a contar los muchos días que aún quedan para verano.
Qué asco…


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